LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

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 LA  CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


¿Qué es?

TriunfoLa consagración o la santa esclavitud de Amor, -como dice San Luis María Grignion de Montfort-, en su obra “El Secreto de María”, consiste en darse todo por entero, como esclavo, a María y a Jesús por Ella; y además, en hacer todas las cosas con María, en María, por María y para María. En su obra “El tratado de la verdadera devoción” lo explica más detalladamente.

Siendo así, que toda nuestra perfección consiste en estar conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que más perfectamente nos conforma, une y consagra a este divino modelo. Y pues, María es, entre todas las criaturas, la más conforme a Jesucristo, se sigue que, la mas perfecta de las devociones, la que más consagra y la que mas conforma a Nuestro Señor es la devoción a su Santísima Madre. Y cuanto más se consagre un alma a María, tanto más se unirá a Jesucristo -y por tanto-, la perfecta consagración a Jesucristo no es otra cosa sino una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que  yo enseño-dice el Santo-; y en otros términos podría decirse que es una perfecta renovación de los votos y promesas del santo Bautismo.


¿Cuándo Consagrarse? 

Se recomienda hacer la Consagración en un día dedicado a la Virgen



¿Cómo Consagrarse?

Se recominenda hacer una “Preparacion” previa de 33 días antes para la Consagración, siendo como un caminito del alma para llegar a la cima en que nos esta esperando nuestra Madre la Virgen Santísima. Consta de:

12 días:    Vaciarse del espíritu del mundo

 7 dias:     Conocimiento de uno mismo

 7 días:     Conocimiento de María

 7 días:     Conocimiento de Jesucristo

Aquí puedes descargar el libro de los 33 días.
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Perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen

Algunos puntos del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen (TDV) de San Luis Maríasanmonfort Grignion de Montfort.

(TVD121) Consiste, pues, esta devoción en entregarse enteramente a la Santísima Virgen para ser todo de Jesucristo por medio de Ella. Debemos entregarle:

1.- Nuestro cuerpo contados sus sentidos y miembros.

2.- Nuestra alma con todas sus potencias.

3.- Nuestros bienes exteriores, llamados de fortuna, presentes y venideros.

4.- Nuestros bienes interiores y espirituales, o sea, nuestros méritos, nuestras virtudes y nuestras buenas obras, pasadas presentes y futuras.

En dos palabras: todo lo que tenemos en el orden de la naturaleza y en el de la gracia; y todo lo que en el porvenir podemos tener en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria; y ésto sin reserva ninguna, ni de un céntimo, ni de un cabello, ni de la menor buena obra; y esto por toda la eternidad, y sin esperar de nuestra ofrenda y servicios ninguna recompensa más que la honra de pertenecer a Jesucristo por María y en María, aun cuando esta amable Señora no fuese, como lo es, siempre la más liberal y agradecida de todas las criaturas.

(TVD122) Conviene notar aquí que en las buenas obras que hacemos hay dos cosas: satisfacción y mérito, o sea, valor satisfactorio o impetratorio, y valor meritorio. El valor satisfactorio o impetratorio de una buena obra es esa misma buena obra en cuanto satisface por la pena debida al pecado, u obtiene alguna nueva gracia; el valor meritorio, o el mérito, es la buena obra en cuanto merece gracia y gloria eterna.

Ahora bien; en esta consagración de nosotros mismos a la Santísima Virgen, le damos todo el valor satisfactorio, impetratorio y meritorio, o sea, las satisfacciones y los méritos de todas nuestras buenas obras. Le damos nuestros méritos, nuestras gracias y nuestras virtudes, no para que las comunique a otros (porque nuestros méritos, gracias y virtudes son, propiamente hablando, incomunicables; únicamente Jesucristo, haciéndose fiador nuestro para con su Padre, ha podido comunicarnos sus méritos), sino para que nos las conserve, aumente y las embellezca. Le damos nuestras satisfacciones para que las comunique a quien sea de su agrado y para mayor gloria de Dios.

(TVD123) De lo dicho se deduce que:
1º.- Por esta devoción se da a Jesucristo, de la manera más perfecta, puesto que se da por manos de María, todo lo que se le puede dar, y mucho más que por las demás devociones, por las cuales se le da o una parte de su tiempo o una parte de sus buenas obras o una parte de sus satisfacciones y mortificaciones. Por esta devoción todo se da y se consagra, hasta el derecho de disponer de los bienes interiores y de las satisfacciones que cada día se ganan por las buenas obras, lo cual no se hace en ninguna Orden religiosa. En éstas se dan a Dios los bienes de fortuna por el voto de pobreza, los bienes del cuerpo por el voto de castidad, la propia voluntad por el voto de obediencia, y algunas veces la libertad del cuerpo por el voto de clausura; pero no se le hace entrega de la libertad o el derecho que se tiene de disponer de sus buenas obras, y no se despoja cuanto es posible de lo que el hombre cristiano tiene de más precioso y caro, que son sus méritos y satisfacciones.

2º.- Se Deduce que una persona, que voluntariamente se consagra y sacrifica así a Jesucristo por María, no puede ya disponer del valor de ninguna de sus buenas obras; todo lo que padece, todo lo que piensa, dice y hace de bueno, pertenece a María para que Ella disponga de todo, según la voluntad de su Hijo y a su mayor gloria. Esta entrega, sin embargo, en nada perjudica a las obligaciones de la persona en el estado presente o en el venidero, por ejemplo, la obligación de un sacerdote por la razón de su oficio, u otra causa, debe aplicar el valor satisfactorio e impetratorio de la santa Misa a un particular. Porque esta consagración se hace según el orden de Dios y los deberes del propio estado.

(TVD125) 3º.- Se sigue, por último, que la consagración se hace a la vez a la Santísima Virgen y a Jesucristo: a la Virgen, como al medio más perfecto que Jesucristo ha escogido para unirse a Él con nosotros y nosotros con Él; y a Nuestro Señor, como a nuestro último fin, y a quien debemos todo lo que somos, como a nuestro Redentor y nuestro Dios

Poderosa Sangre de Liberación, Sanación y Redención

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ATARDECER

Por la Gloriosa Sangre del Pacto derramada por Nuestro Señor Jesucristo, te ordeno espíritu de tentación y falso pensamiento que me dejes libre y en paz. ¡Fuera, Fuera, Fuera de mi mente y de mis pensamientos; te lo ordeno en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo que te venció en la cruz!.

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